jueves, 19 de febrero de 2009

jueves, 31 de enero de 2008

miércoles, 30 de enero de 2008

Algo de Hentai





Hentai : Wikipedia:

Hentai (変態, Hentai?) En japonés, la palabra hentai quiere decir "pervertido/perversión" o "transformación". .

La cantidad de dibujos ilustrando actividad sexual en el manga o el anime hentai puede variar enormemente. También varía el tipo de actividad sexual y los personajes implicados, que se someten a muy pocas restricciones al tratarse de personajes de ficción El significado común que tiene en Occidente proviene del uso japonés de エッチ (etchi, escrito frecuentemente ecchi, aproximación japonesa de la pronunciación inglesa de la letra H ), que se cree que es una forma abreviada de hentai que se utilizaba como eufemismo en los años 1960, aunque sus orígenes no están del todo claros, ni siquiera en Japón. La "H" en Japón se utiliza para referirse a cualquier contenido o actividad sexual, así que "H manga" es manga con contenido sexual, pero sin embargo "H" y "hentai" no son sinónimos, y no se puede cambiar uno por otro.

Legislación japonesa

El artículo 175 del código penal japonés prohíbe la publicación de material "moralmente perjudicial", que tal como se interpreta actualmente incluye la exposición de genitales, así que es frecuente ver una barra cubriendo los genitales, o bien los genitales borrosos. Antes de 1994, la interpretación de esta ley incluía la prohibición de exponer vello púbico, una norma que se eludía dibujando personajes sin vello púbico.

Sin embargo, esto ha causado otro problema cuando los vídeos hentai se distribuían a lugares como Europa y Estados Unidos. Como los personajes del anime parecen más jóvenes que los personajes de la misma edad de los dibujos animados occidentales, eso dio a algunos la impresión de que los vídeos contenían pornografía infantil. Es interesante saber que los personajes femeninos de los dibujos animados, según el japonés medio, aparentan tener unos 5 o 10 años más. [sin referencias]

Un dato menos conocido es que la censura japonesa es muy estricta en cuanto a los dibujos sobre actividad sexual entre humanos y animales [sin referencias]. Aunque se permite que circulen con relativa libertad actos con monstruos imaginarios (que suelen tener los conocidos tentáculos fálicos con el fin de evitar la ley relativa a los genitales de verdad), se ha considerado el sexo zoofílico con animales existentes como algo que debe ser perseguido. Por otra parte, el género hentai japonés contiene escenas de sexo explícito, por lo que no es recomendable para menores de edad.

viernes, 25 de enero de 2008

En la Biblioteca de la Facu

Lo que a continuación vais a leer, espero que ávidamente, ocurrió en el verano de 2003, durante mi penúltimo curso de carrera.

Era un caluroso día de agosto en el campus universitario de Almería, simpática ciudad del sureste español, en la cual resido actualmente. Me habían quedado para septiembre Derecho Financiero II y Derecho Procesal I, dos auténticos ladrillos, y todas las mañanas acudía a la biblioteca de la facultad para estudiar, sobre todo porque allí había aire acondicionado, lo cual ayuda bastante a la hora de concentrarse en el estudio en esas agobiantes fechas. Pero ese no era el único motivo.

En verdad he de confesar que la causa principal era una chica, dos cursos por debajo del mío, que también acudía allí para estudiar y a la cual ya le había echado el ojo desde hacía un tiempo. No sabía aún cómo se llamaba, pero me prometí a mí mismo que antes de que acabara agosto la conocería. Y, para mi dicha, eso ocurrió mucho antes de lo que yo esperaba… Era una hembra poderosa. No era muy alta, 1,65, cabello liso castaño que le llegaba por la cintura, ojos miel achinados, finos labios, tez clara y suave, grandes pechos (una 90 diría yo) y un prominente y duro trasero respingón. Total, un bombazo de tía. Los fines de semana trabajaba como azafata de J&B en pubs y discotecas. Era todo un espectáculo verla vestida con el traje perfectamente ajustado a su tremendo cuerpo, resaltando aún más sus deliciosas curvas.

Ese día iba acompañada por otra chica, a la cual nunca había visto antes. Parecían muy amigas. Estaban sentadas justo enfrente de mí. Mª Mar tenía recogido el pelo en un moño hecho con un bolígrafo bic. “Un intelectual moño”, pensé. Ese día iba espectacularmente vestida, como casi siempre. Llevaba un body blanco ajustado, a través del cual se podía divisar un sujetador oscuro que sostenía sus enormes y bien contorneados senos, unos vaqueros bien apretados, marcando culo y unos bonitos zapatos de tacón. Podía oler su embriagador perfume, creo que era Millenia. Era demasiado, estaba poniéndome muy malito esa mañana… La otra chica que la acompañaba tampoco estaba nada mal, pero mi atención estaba centrada al 200% en M. Mar. No podía evitarlo, me atraía como a un imán y me excitaba muchísimo.

Serían las 11.15 am más o menos cuando me levanté y salí fuera para fumarme un cigarrillo y liberar tensiones, tanto intelectuales como eróticas. Me percaté que, al levantarme, las 2 se miraron y la amiga le dijo algo al oído mientras me miraban y sonreían. Eso me gustó. Me senté en uno de los bancos del hall de entrada mientras le daba pausadas y hondas caladas al cigarrillo. Lo apuré hasta el final. En esto, ambas salieron de la sala de estudio y se sentaron en un banco que había frente al mío. Comenzaron a mirarme y a hablar entre ellas. Soltaban adolescentes risitas de vez en cuando. De repente, vi que Mª Mar me hacía una señal con la mano. Yo miré alrededor, entre confundido y asombrado de que me estuviera señalando; pero no había nadie. Era claro que se dirigía a mí. Se lo pregunté “¿Es a mí?” y asintió con la cabeza mientras sonreía. Hizo un ademán con su mano para que fuera a sentarme a su lado. Estaba muy nervioso. Pero no lo pensé ni un segundo más, me levanté y me dirigí hacia ellas.

Me senté a su lado. “¡Hola!, ¿qué tal, descansando?” les pregunté; ellas se rieron y me contestaron que si. La chica me preguntó cuál era mi nombre. “Me llamo Juanma, ¿y vosotras?”; me contestaron. La amiga se llamaba Yolanda, Yoli para los amigos/a. Era una chica alta, 1,75 más o menos, cabello rizado castaño, ojos castaños, labios gruesos, apetecibles y sugerentes, dispuestos siempre a chupar buenas vergas. Me preguntaron si yo hacía también Derecho y en qué curso estaba. Les contesté que 4º. Ellas hacían 2º y les había quedado el Penal de 2º para septiembre. M. Mar me preguntó c


Cómo me fue a mí con el Penal. Le dije que muy bien, tanto el de 2º como el de 3º los aprobé a la primera, en la convocatoria de Junio. Me preguntaron que si les podía ayudar, porque a ellas no les gustaba esa asignatura y M. Mar me pidió el teléfono. Con un rápido movimiento cogió el bolígrafo que sostenía el moño y se desmelenó. Sacó un papelito y yo le disparé mi móvil. Parecía como si lo hubiesen planeado todo.

Empecé a sospechar que cabía la posibilidad de que yo le atrajera un poco, cosa que nunca me lo había planteado pues nunca me percaté de que se fijara en mí, lo cual me sorprendió gratamente. Después de esa charla volvimos a la sala y pasamos el resto de la mañana estudiando. De vez en cuando ellas me preguntaban algo o me comentaban alguna tontería. Era genial, ya habíamos entablado conversación. El primer paso estaba dado. La tarde de ese día la pasé en casa, estudiando mucho más concentrado y masturbándome pensando en cómo M. Mar era follada por un semental negro de enorme tranca. Esa noche casi no pude dormir pensando en la mañana siguiente. Era como si presintiese que algo muy bueno, fabuloso, me iba a suceder… A la mañana siguiente, sábado, llegué muy temprano a la biblioteca de la universidad. Ella aún no había llegado. Me senté y coloqué mis cosas y me dispuse a estudiar.

A la media hora escuché el sonido de unos tacones que atravesaban la sala y el suave olor a perfume, inconfundible, me anunció su llegada. Esta vez venía sola e insultantemente vestida, lo que produjo una oleada de murmullos varoniles. Era normal. La chica se había pasado esta vez. Venía con una blusita de rayas azules y blancas, pegada al cuerpo, resaltando sus pechos y una minifalda blanca, tan inmaculada que al trasluz se podía ver su tanga de color rosa y que permitían admirar sus macizos muslos. “¡Hoy va a arrasar!”, pensé, “demasiado provocativa, van a empezar a revolotearle hambrientos buitres”. Se sentó frente a mí y me saludó. Yo le correspondí en el saludo. Ella sacó sus libros y apuntes, el Código Penal y comenzó a estudiar. De vez en cuando cruzábamos miradas. Recuerdo que en una de ellas me guiñó un ojo. Yo me sonrojé. Después de un buen rato estudiando ella me propuso ir a tomar algo a la cafetería.

Salimos y en el camino charlamos un poco sobre las asignaturas. Antes de entrar en la cafetería M. Mar me dijo que tenía que ir al baño, que no podía aguantar más. Me preguntó que si quería acompañarla. Los baños estaban en el piso de arriba, justo encima de la cafetería. En ese instante mi corazón se aceleró de 0 a 1000 p/h. Casi impulsivamente, sin pensar, le dije que sí, que la acompañaba. Era la respuesta que estaba esperando, porque me sonrió, me cogió de la mano y subimos las escaleras.

Nos dirigimos a los aseos de chicas. El pasillo donde se encontraban estaba vacío. Era algo normal en pleno agosto y además en sábado. El campus se queda semi desierto. Mejor para nosotros, pensé. Nos metimos en los baños y M. Mar cerró la puerta con cerrojo. Se dio la vuelta y nos quedamos uno frente al otro, mirándonos, ella sonreía picaronamente, sin parar. El calor incitaba al deseo, al pecado. De repente, comenzó a dar vueltas alrededor mío y a decir que yo no estaba nada mal, que tenía un buen polvo.

Se quedó detrás de mí y empezó a tocarme el culo con suavidad al principio, luego fuertemente y con deseo. Sus manos recorrían mi velludo pecho, mi torso, bajaban lentamente hasta llegar a mi paquete del cual sobresalía ya un duro bulto. Al llegar ahí ella soltó un gritito de satisfacción. ¿Pero qué maravilla es esta?... mmm, ¡qué bueno!, dijo. Yo ya no pude aguantar más y me volví. Miré en la profundidad de sus ojos y pude adivinar la lascivia que de ellos se desprendía, la lujuria a la que invitaban.

Así que la agarré por el culo, levantándole la minifalda y empecé a besarla salvajemente, metiéndole la lengua hasta el fondo, hasta la campanilla casi. Bajé como un loco hasta sus senos, desabroché su camisa rompiéndole los botones. No llevaba sujetador y sus tetas se mostraron ante mí en todo su esplendor. Maravillosas, bien contorneadas, sus pezones estaban tiesos, turgentes. Empecé a chuparlos y morderlos. Ella se retorcía de gusto. Le dije que me chupara la polla. Ella accedió sumisamente, sin rechistar. Además, lo estaba deseando.

Desabrochó mis vaqueros y bajó mis calzoncillos burdeos. Mi gran verga pétrea salió disparada de su prisión hacia su boca, la cual engulló entera. ¡Era delicioso! M. Mar era divina, la chupaba con gran maestría; parecía tener mucha experiencia a pesar de contar apenas con 20 añitos recién cumplidos. Adelante y atrás, sin parar, adentro y afuera, lamía en círculo mi capullo, el glande, me agarraba fuertemente los huevos y también los chupaba cual loba hambrienta. Era una zorra y eso me encantaba y al parecer a ella también.

Yo la agarraba del pelo y dirigía su cabeza hacia delante y hacia atrás, a un ritmo uniformemente acelerado, frenético. Me dijo que hacía tiempo que estaba deseando tener mi tranca en su boca y que estaba muy mojada porque por fin lo había logrado. Yo le contesté que también yo tenía ganas de follarla como iba a empezar a hacer en ese preciso instante. La levanté y la puse de espaldas hacia mí, ella apoyada en los lavabos y de cara al espejo. Le quité por completo la minifalda blanca y aparté un poco el tanguita rosa que llevaba y la embestí sin piedad por su magnífico conejito rasurado.

Su coño estaba muy caliente y goteaba de necesidad. Recibió mi aparato con gran satisfacción y gozo. Y empecé a montarla como un potro desbocado, sin parar. La follaba con tal deseo que creo que a veces le hacía culo, insinuándoseme descaradamente, que parecía querer decir “¡Fóllame papi, sin parar!”. Así que me dispuse a ello sin pensármelo más veces e introduje mi roja verga en su culo, bien lubrificado. Al principio con cuidado, pero cuando todo él estaba ya dentro empecé a darle caña. Al principio gritaba un poco, pero luego se abandonó al placer, al goce del roce. ¡Ooh, qué bueno! Era un deleite, placer de dioses. Sentir cómo mis muslos chocaban contra sus nalgas. Era una sensación deliciosa. Ella se tocaba el coño por debajo con la mano derecha e introducía sus dedos, desde la uña esmaltada roja carmín hasta la última falange.

Yo ya no podía más y le dije que me iba a correr. Se dio la vuelta y se metió mi roca en su garganta y allí descargué todo mi esperma, toda mi leche condensada, que se empezó a desparramar por sus labios, por su boca, por su barbilla, cayendo gotas en sus pechos. “¡Ahí tienes, zorra, toda para ti, chupa hasta la última gota, ordéñame sin reparos, vamos!”. ¡Oohh, qué bueno, qué corrida! Fue inolvidable. La sensación de relax fue indescriptible. Mientras nos arreglábamos alguien intentó entrar. Nos miramos sobresaltados. Cuando estuvimos listos abrimos la puerta. Era una chica que quería entrar. Nos miró sorprendida y nosotros le sonreímos.

Luego, mientras bajábamos las escaleras, soltamos un par de carcajadas. Le pregunté a M. Mar si quería tomar algo para desayunar. Me dijo que no porque acababa de desayunar leche de calidad y me guiñó un ojo. Ese comentario hizo que mi autoestima se elevase considerablemente, por las nubes, como suele decirse. Yo sí fui a la cafetería a tomar algo y a recrearme en esos increíbles momentos, casi sacados de la mejor película porno, pero reales, muy reales, académicamente reales, como la vida misma…

Autor: Jmfs

de www.marqueze.net

Asi conocí a mi novia

ASÍ CONOCÍ A MI NOVIA Te quiero con locura, y quiero que seamos mucho más que amigos



Hola, mi nombre es Pedro, y a continuación os voy a contar mi historia, en la cual empecé con mi novia.

En ese año, yo tenía 20 añitos, y con mi padre tengo una empresa de instalaciones eléctricas, y formaba parte de una de las brigadas de obra, y los fines de semana solía salir de fiesta con los amigos, como es normal.

Tenía un amigo, de esos con los que tienes peleas cada dos por tres, y que tenía novia, pero a eso yo no le daba importancia, ya que solo la vi una vez, y estaban como dos imanes.
Entonces aquí empieza mi historia, era un miércoles, por la mañana, de repente, recibí un mensaje en el móvil. "yo se quien eres, pero tú no sabes quien soy, pero quiero que sepas que te quiero con locura".

Al leer ese mensaje, pensé lo de siempre, el típico compañero de trabajo haciendo el tonto, y pasé del mensaje, pero en cuestión de segundos, incluso antes de que devolviera el teléfono al bolsillo, sonó otro mensaje, que suponía era del mismo diciendo que era broma o algo así..., ¡pero no! Ponía lo siguiente: "¿es que acaso no sabes contestar?", y yo ya empecé a mosquearme, y me decidí a contestar groseramente. "¿Por qué no dejas de tocar las pelotas?", y a durante unas dos horas no recibí nada más, y deduje que había sido un compañero y que quien fuera, se creía que le había descubierto, pero creí mal.

Mi Siemens SL45 volvió a avisarme que otro mensaje permanecía sin leer, y lo miré: "Siento haberte enfadado, creí que eras más sensible", entonces me invadió la intriga y me di cuenta que algo pasaba, sabía que ninguno de mis compañeros escribía de esa forma, y contesté pidiendo perdón, ya que mis compañeros se suelen entretener enviando mensajes de ese tipo, y no recibí nada durante todo el día, solo mensajes de los amigos para ir a cenar ese día.

En ese entonces, y aún en la actualidad, tengo un amigo que lo considero un hermano para mí, y decidí contarle lo sucedido y le enseñé los mensajes (los cuales los tengo aún memorizados en la tarjeta SIM del teléfono) y él me empezó a decir que no me echara atrás, que la llamase, que nada podía perder, y eso hice, salí al exterior del McDonalds y marqué el número, pulsé la tecla verde, y empezaron a danzar en mi cabeza miles de ideas, cosas que podría decir, cosas que no, pero cuando me di cuenta, llegó el límite de tonos y comunicó, vuelva a llamar, y conté los 12 intentos hasta que volvió a cortarse.

Volví adentro y allí estaba Miguel, con cara de esperar noticias, y le dije que a lo mejor me había equivocado llamando y que debería haber esperado, entonces salimos y nos dirigimos a mi coche, nos despedimos hasta el día siguiente y me dirigí a casa, encendí el equipo de música del coche, el cual era de gran potencia, y puse música a tope, creyendo vagamente que eso me haría dejar de pensar en los mensajes. Llegué a mi casa, me meto en la cama, me decido a poner el despertador, y cuando voy a apagar la luz, vi eso que tanto esperaba, ese sobre dibujado en la pantalla del teléfono, me levanté de un sobresalto y pulsé la tecla, "siento no haber cogido el teléfono, todavía no te puedo hablar".

Entonces me tiré en la cama, con las típicas ilusiones que te recorren en esas sensaciones, tipo, "hay alguien que me quiere de verdad", "le importo a alguien" y cosas similares.
Al día siguiente me levanté de un salto, y me fui alegremente al trabajo, hasta el punto que incluso mis compañeros me decían que no era el mismo. Estuve tres semanas seguidas, que nada más salir del trabajo me iba a ver a Miguel y contarle todo lo que hablaba con aquella misteriosa chica a través de mensajes.

Pero un día algo pasaba, la notaba rara, tardaba mucho en contestar, y pensé que todo se acababa, o que todo había sido obra de un bromista pesado. Entonces, después de tres horas de espera sin recibir noticias, escribí lo siguiente: "se nota que ha sido todo una broma, supongo que te has divertido lo suficiente". Me metí el teléfono en el bolsillo y seguí trabajando, y sucedió, mi teléfono recibía una llamada, creía que sería mi padre, o una avería, o Miguel... pero no, era ella, lo cogí con un poco de recelo, y dije "¿si?"

Una voz muy suave y conocida, me dijo que sentía no contestar más a menudo. Entonces le pedí su nombre, sorprendiéndome con sus palabras: "Pedro, ¿no sabes quien soy?". Bajó mi enfado, me di cuenta de quien era, era Julia, la novia de mi amigo con el cual me peleaba constantemente (el cual hacía tiempo que no veía), los nervios me invadieron entorpeciendo mis palabras, me llamaban de la planta superior y tuve que colgar.

Me fui a ayudar y al cabo del día de trabajo me apresuré en irme a casa, me duché y me fui a casa de Miguel, cuando se lo conté no me creía del todo, y entonces sonó el teléfono, era ella, suplicándome que subiese al pueblo en donde ella cuidaba dos niños mientras la madre se iba de fiesta, y no me lo pensé dos veces, me despedí de Miguel y creo que a mi todo terreno le faltaban giros de rueda para la velocidad que llevaba.

Una vez en la puerta, toqué el timbre con un poco de ansia, y escuché sus pasos, y allí estaba, esa chica, que físicamente no es una modelo, pero tenía algo, algo que me atraía como un imán de deseo a conocer más de ella, me agarró de la mano y me dijo que pasase, no me lo pensé dos veces, para aquel entonces, yo era un típico fiestero de aquí te pillo aquí te mato y si te visto no me acuerdo, pero ella era diferente, conseguía sacar mi lado tierno y sensible, y me comporté lo mejor que pude, hasta la hora de marcharme, tan solo la rocé debido a los dos besos del saludo y poca cosa más, poco antes de marcharme me dijo que necesitaba verme más a menudo y yo le dije que no quería problemas con mi ex amigo, y ella me dio un largo beso y me susurró al oído que eso ya no era un problema.

El día siguiente transcurrió muy rápido hasta la hora de volver a subir a verla, y como un rayo, estaba en la puerta de su trabajo, me abrió y pasé sin pensarlo, me cogió las manos, y me miró fijamente, pronunció esas palabras que hacen estremecer a cualquiera: "te quiero con locura, y quiero que seamos mucho más que amigos". Desde ese día, somos inseparables en todos los aspectos, la quiero con locura, y nuestras relaciones sexuales os la iré contando (que las hay que tienen tela).

Gracias a mi novia por ayudarme a recordar estos momentos inolvidables.

Autor: BadWorld

de www.marqueze.net

Travesti : Segunda parte:





jueves, 24 de enero de 2008

lunes, 21 de enero de 2008

Vendido en el mercado de exclavos

Estoy desnudo, completamente desnudo; mis manos no pueden cubrirme (están atadas a mi espalda) y ningún vello puede ocultar mi sexo. Sobre la tarima los veo pujar, reír, zaherirme. Un jarrón, un pez muerto, un caballo: soy menos que ellos, soy menos que un animal, menos que un objeto. Soy el hijo de un caudillo derrotado, el heredero de un reino destruido, el portavoz de una cultura humillada que terminará desapareciendo. Soy un esclavo, y mi vida no vale nada.

Los pelos rizados de mi cabeza arden al sol de la mañana. Son los únicos pelos que me han dejado en el cuerpo, y lucen como laureles de fuego, los laureles del perdedor. Algo más luce de mi: mi pene enhiesto como una lanza que apunta hacia el público, hacia los que van a comprarme. Mi pubis erizado brilla en toda su blancura, expuesto como mis huevos color melocotón, apretados de la excitación. Es todo excitante, no puedo negarlo. Tan excitante como malévolo.

La piel de mi polla está tersa y venas firmes la recorren: en la punta todo se abre dejando al descubierto la piedra pulida de mi glande rosado, jugoso, afrutado, sudoroso. Puedo oler su perfume desde aquí, su perfume de contención y de placer y de dolor.

Mi vientre tiembla, al igual que mi pecho: ambos son rectos y firmes, y al segundo lo coronan a los lados dos pezones rosados crudos como el granito.

Ya sobre mis piernas de coloso adolescente se levanta el conjunto, apuntalado por detrás por dos nalgas esponjosas que mi amo venera una y otra vez por su gran parecido con las nalgas de las jovencitas: nalgas pequeñas, como perlas y decoloradas como la leche.

Me hacen girarme una y otra vez para admirar mi glorioso pene tanto de perfil como desde mi parte delantera. Creo que está a punto de reventarme. Mi amo lo señala, pero no lo toca. En cambio, si masajea mis huevos suavemente, con extremado cuidado, para mostrar lo delicados y hermosos que son. También me coloca de espaldas al público cada cierto tiempo y me obliga a agacharme. Yo obedezco con diligencia y precisión y un poco asustado: sé que si no soy vendido hoy, terminaré trabajando en una mina o en alguna huerta lejana.

Cuando me agacho, mi amo agarra con soltura mis nalgas y las separa: señala con rotundidad lo estrecho que es mi ano y repite una y otra vez que nunca ha sido usado. Por eso soy tan caro.

La puja sube y sube, y, tras una cruenta batalla de palabras observo con alegría que he sido comprado. Caras de decepción se extienden frente a la tarima y una joven de mirada altiva sube hasta mi lado. Es mi nueva ama, y quiere probarme antes de llevarme con ella.

Es de la alta sociedad: puedo verlo en sus ricos ropajes y en sus joyas, y también en sus ojos soberbios. Es bella, muy bella: sus ojos felinos me observan y yo bajo la mirada, como nos han enseñado que hay que hacer cuando los amos nos miran. Me ordena abrir la boca y yo le enseño mis dientes parejos, y ella me introduce la mano y me tira de ellos.

Seguidamente, me pellizca los pezones y los extiende y los relaja, los extiende y los relaja. Baja a mi pene y lo agarra con decisión, pero lo suelta y baja a los huevos. Los masajea con sus finos dedos de patas de araña. Me ordena voltearme y sopesa mis nalgas, y me ordena agacharme una vez más para abrirlas y contemplar mi ano. Cuando vuelvo a incorporarme, me vuelve a agarrar el pene, aunque esta vez con más fuerza. La hilaridad recorre al público, y yo puedo observar que los pezones de mi ama, pequeños, prácticamente le agujerean la túnica mientras irrumpen desde sus pechos redondos.

Me sube la piel y me la baja, me masturba casi con cariño y me corro, por fin me corro de manera grandiosa, abundante, y ella lo corrobora: se queda conmigo.

TodoRelatos.com © Beritt(riverssen@hotmail.com)

¿Fantasía o Realidad?

Esta es una historia que me contó una amiga mía, que escribo sin su consentimiento expreso.

Se trata de un hombre maduro que entró en contacto con ella, a través de una publicación de un relato de dominación. Como consecuencia de dicha publicación llegaron a pasar un fin de semana juntos...

El hombre, digamos Carlos, se citó con ella en un restaurante de la zona alta de la ciudad, cerca del cual había reservado un apartamento por 24 horas. Cenaron tranquilamente, con una agradable conversación. El la preguntó si estaba nerviosa y ella le confesó que sí, que mucho. El la tranquilizó diciéndola que no le iba a pasar nada que no hubiesen pactado. Finalmente se levantaron para dirigirse al apartamento. El llevaba en su deportivo rojo, un pequeño maletín con distintos artilugios de tortura y juego. El apartamento resultó ser agradable, con alfombras en el suelo del salón, un sofá y dos sillones y además una habitación pintada de colores claros que comunicaba con el cuarto de baño. Una vez curioseado el apartamento, volvieron al salón donde Carlos encendió unas velas, creando un ambiente de intimidad.

Ella se dirigió al sofá para sentarse.

- Oye putita ¿quién ha dicho que puedes sentarte? ¡A partir de este momento harás únicamente lo que yo te mande.! ¿Entendido?

- Si, contestó ella un poco asustada.

Lo siguiente fue una sonora bofetada que la hizo tambalear.

- ¿Cómo que sí ? Te dirigirás a mi, diciendo ¡SI AMO! ¿Has entendido, puta?

- Si amo, respondió en voz baja.

- No te he oído bien? ¿Qué has dicho?

- Si amo, contestó más fuerte.

- A ver si aprendes más rápido, porque me pareces un poco torpe, le dijo él, en tono despectivo.

- Ahora, ponte en medio del salón y quítate la ropa

Ella se quitó primero los zapatos, después la falda y finalmente el top, quedándose únicamente con la ropa interior y las medias.

Volvió a sonar una nueva bofetada, ahora en la otra mejilla.

- ¿No me has entendido, zorra? Su voz sonó áspera.

– ¡He dicho que te desnudes, no que te quedes en ropa interior.!

Rápidamente se desabrochó el sujetador y el tanga y junto con las medias, las tiró al sofá.

El la vendó los ojos, de modo que no podía ver lo que sucedería a continuación.

El hombre, dio unas vueltas alrededor de ella. Era como se imaginaba después de ver sus fotos. Una verdadera diosa. Pechos duros y redondos, coronados por unos pezones desafiantes. Una cintura esbelta. Piernas largas y bien torneadas. Unos muslos capaces de poner en marcha las fantasías de cualquier hombre. Un culo para penetrar con la lengua primero y con la polla después. Y sobre todo, sus labios, con la forma perfecta para hacer una mamada inolvidable.

La puso de cara a la pared. La esposó las muñecas y las ató en un mueble. La ordenó que separase bien las piernas. Sacó un látigo del maletín y lo chasqueó con fuerza en el aire.

Un estremecimiento de temor recorrió el cuerpo de la mujer. Aunque aún no ha recibido ningún golpe, intuye que en cualquier momento el látigo fustigará tu cuerpo desnudo.

Sin embargo a él, le apetece jugar un poco. Con la punta del látigo recorre su espalda. Lo pasa en medio de la rajita de su culo. Sigue bajando y nota sus muslos húmedos por los jugos vaginales que han empezado a salir de su coño. Toca sus labios vaginales con el látigo. Se separa un poco y empieza a fustigarla.

- Cuenta los latigazos, cerda

Ella empieza a contar con voz temblorosa.

Uno, dos, tres, cuatro...

Así hasta veinte. Su culo está al rojo vivo y siente un dolor terrible. El hombre, la desata las manos quitándole las esposas y haciendo darse la vuelta. Coge una de las velas y la acerca al cuerpo de la mujer, que nota su calor y se pone rígida. El hombre, inclina la vela y deja caer unas gotas de cera caliente sobre sus pechos. Ella da un grito de dolor, mientras por sus mejillas resbalan unas lágrimas.

El quita la venda de sus ojos y recoge con la lengua las lágrimas de la mujer. Empieza a besarla, pero ella quiere impedir que su lengua entre en su boca. El hombre la fuerza y su lengua entra libremente en la boca de la mujer, buscando la suya, quien comienza a responder el beso y así durante unos minutos disfrutan de un pequeño descanso.

De repente, el hombre termina el beso, agarra los largos cabellos de la mujer y empujándola hacia abajo la hace arrodillar ante sí.

- ¡Sácame la polla, zorra!. ¡Y hazme una buena mamada!.

Con prisa y torpeza, ella baja su pantalón y su calzoncillo. El los aparta con sus pies, mientras que la mujer agarra con ambas manos su polla, dura como una barra de hierro y empieza a chupársela. El hombre la ordena que introduzca un dedo en su culo para estimular al propio tiempo su próstata.

- Muy bien puta. Sigue así. Me voy a correr en tu boca asquerosa. Y quiero que te tragues toda mi leche, que no se pierda ni una sola gota.

La masajea las tetas mientras ella sigue mamándosela. Más tarde, la retuerce los pezones que cada vez se muestran más duros e hinchados.

- Asíiiiiii, guarra, chúpamela, toma zorrita, toma mi leche y trágatela entera.

Un chorro de semen sale a presión, inundando la boca de la mujer, que sin otra orden acaba tragándoselo.

- Qué putilla más rica eres, dice el hombre. Qué gustazo me acabas de dar. Ahora necesito una copa. ¡Sígueme a cuatro patas!.

Ella lo sigue como una perrita, mientras el hombre saca una botella de whisky y un vaso de un pequeño mueble-bar que hay en un rincón del salón. Se los pone encima de la espalda y la ordena que los lleve así al sofá. Como el suelo está alfombrado, no siente dolor en las rodillas, pero necesita toda su destreza para que no se caigan la botella o el vaso. Cuando llega al sofá, él ya está sentado. Pero antes de coger la bebida, juega un rato con sus tetas. De ahí pasa a su coño que cada vez está más mojado e introduce dos dedos en su culo girándolos en el interior de sus entrañas.

Ella aguanta esa nueva tortura con grandeza, sin quejarse y ni siquiera moverse, por miedo de que se caiga la botella. Cuando termina de beber el whisky, conduce a la mujer a la cama, recostándola en ella. Vuelve a taparla los ojos y a esposarla, esta vez con los brazos y las piernas completamente abiertas en forma de X, atados a los cuatro extremos de la cama, dejando su coño completamente expuesto y abierto ante él.

El hombre se recrea durante un rato ante la visión. ¡Que guapa es! Y piensa lo bonito que es tenerla así, para poder usarla a su antojo. Es la mujer más guapa que ha conocido en su vida y va a ser suya...va a convertirla en su putita personal.

Saca otra clase de látigo del maletín, compuesto de distintas tiras de tela. Lo pasa por todo su cuerpo. Por su boca, sus pechos, sus pezones, su coño. Esta vez la suavidad, le produce cosquillas a la mujer, que intenta contener. Su respiración se hace cada vez más fuerte.

El hombre se aleja un momento y saca del mueble-bar unos cubito de hielo. Pasa de nuevo el látigo de tiras por sus pechos. De pronto lo retira y coloca los cubitos de hielo sobre sus pezones. Ella se asusta por el frío repentino y deja escapar un gemido. Sus pezones se vuelven aun más duros y grandes. Por el frío que ha producido el hielo, están ahora muy sensibles. El hombre le coloca una pinza en cada pezón lo cual causa en la mujer un fuerte dolor repentino. Da un grito de terror. Pero pronto el dolor se convierte en placer, mucho placer.

Ella siente ganas de correrse, pero él se lo prohíbe. Mientras él toca tu clítoris, juega con él, estirándolo y pellizcándolo. Nota como tiene el coño empapado por completo y como se moja los dedos con sus jugos vaginales. La mete unos dedos en la boca obligándola a que saboree y trague sus propios fluidos. Saca los dedos de su boca y vuelve a tocar su clítoris. Ahora coloca pinzas también en sus labios vaginales. Ella siente dolor pero al propio tiempo, un placer que va en aumento. El hombre quita de manera brusca las pinzas tanto de los pezones como del coño y eso la provoca un dolor mucho más intenso que el que anteriormente causó su colocación. Pellizca con fuerza sus pezones doloridos y masturba su clítoris que está completamente sensibilizado. Ella le pide a gritos que la deje correrse, pero él la amenaza con que si lo hace, lo va a pasar mal y retira sus dedos del clítoris.

Entonces, la coloca una mordaza en la boca para no oír sus tus quejas y sin que ella lo espere, la clava inesperadamente un vibrador enorme, de 30 cm de longitud y 8 de diámetro. El hombre coloca un esparadrapo para que no se pueda escapar el vibrador y lo pone en marcha, mientras le arrebata la mordaza y se sienta en el sillón para ver el espectáculo de la corrida que pronto la sobrevendrá. El vibrador la estimula el clítoris sin tregua. Al cabo de un par de minutos ella empieza a gritar, a causa de una mezcla de dolor y placer. Con el mando a distancia el hombre aumenta la velocidad del vibrador y ahora sí, le concede permiso para que se corra, lo que hace al cabo de unos pocos segundos en medio de un fuerte orgasmo.

Mientras observaba ese espectáculo, el hombre se ha estado masturbando y ahora siente ganas de correrse. Se acerca a la cama y se coloca encima de ella. Nota su coño completamente mojado y le clava su polla hasta el fondo de su vagina. Empieza a moverme rápidamente, su clítoris está aun muy sensible y recibe con gran alegría esa nueva estimulación.

- Ven putita mía, la susurra. Toma mi leche. Córrete de nuevo. Demuéstrame la puta que eres.

- Sí mi amo, fóllame, dame tu leche. Seré tu zorra para siempre. Tu putita personal. Pero sigue follandomeeeeeeee!!

Ella le aprieta fuertemente la polla con los músculos de su coño. Clava sus uñas en la espalda de él. Está como una perra en celo. Necesita polla, necesita follar, necesita leche...

- Si mi amo, dame fuerte. Soy tu puta...Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!

En ese momento el hombre la llena el coño de leche, mientras ella es presa de una cadena de orgasmos.

Descansan un cuarto de hora, y entonces el hombre la dice que la siga a cuatro patas al baño. La ordena que le lave la polla, los huevos y el culo. A él le encanta sentir el tacto de sus manos en sus partes más sensibles. Llena la bañera con agua y se introducen en el agua caliente para relajarse un rato. De pronto, el hombre se levanta, ordenándola que se quede sentada y que abra la boca. Ella intuye lo que vendrá a continuación y gira la cabeza.

- ¡Si no quieres que te de una hostia, mírame!, la amenaza y ¡abre bien la boca!. Antes me he bebido yo un whisky. Ahora te toca a ti tomar tu bebida.

Apunta con su polla hacia ella y empieza a mear.

- ¡Abre bien la boca puta, tragalo y mejor para ti que no se desperdicie ni una sola gota!, la grita.

Esta vez ella le hace caso. Abre la boca al máximo y comienza a tragar su lluvia dorada. Cuando termina, la manda limpiarse la boca y las dientes. A continuación la abraza y la besa con ternura la frente y los labios.

- Vamos a la cama, putilla. Mañana nos espera un día duro, especialmente a ti

El la hace acostar a sus pies y la ata la muñeca a uno de los extremos de la cama.

... / ...

El hombre ignora la hora que era cuando, con un sobresalto, se despertó. Intuye que algo ha sucedido, pero aun no sabe qué. Mira hacia el pie de la cama. Ella no está. Quiere levantarse corriendo para buscarla y se da cuenta de que esta esposado con una de sus manos a la cabecera de la cama. En este momento, la mujer entra en la habitación, vestida de ama, diciendo:

- Veo que te has despertado cabrón. A ver si en el futuro tienes más cuidado dónde dejas la llave de las esposas, jajajaja

- Suéltame puta, o te arrepentirás de eso, le responde en tono amenazador.

Plaaaafffffffffffff. Ahora es ella quién le ha dado una fuerte bofetada.

- Veo que aun no eres consciente de tu nueva situación, responde la mujer. Pero pronto aprenderás. Vamos a poner las cosas claras, gusano. He escondido tu ropa y por más que busques, no la encontrarás jamás. De modo que puedes elegir entre dos cosas: seguir esposado a la cama y te torturaré así o me prometes someterte voluntariamente a mis caprichos y en ese caso te quitaré las esposas.

El hombre no contesta...Plaaaaaffffffff, ella le suelta una nueva bofetada que le coge por sorpresa, dejando su mejilla marcada y tumbándole de espaldas en la cama.

- ¡Levántate inútil!, grita ella, y ¡ponte de pie con las piernas bien abiertas!

Esta vez, él decide seguir sus órdenes y se pone al lado de la cama con las piernas separadas y en una posición poco cómoda al seguir con una de sus manos esposada a la cabecera de la cama.

- ¿Te someterás voluntariamente?, ella repite la misma pregunta de antes.

De nuevo el hombre se queda callado. Inesperadamente recibe un fuerte rodillazo en los testículos, que le hace retorcerse de dolor.

- ¡Contéstame cerdo!, grita ella.

- Si ama, te lo prometo, responde débilmente.

- ¡Has elegido bien, esclavo!, afirma ella, con voz decidida.

Su mano alcanza la polla del hombre y le aprieta con fuerza los huevos.

- ¡Aaaaayyyyyyy!, al hombre, se le escapa un fuerte grito.

- ¡Cállate, no te quejes tanto!, dice la mujer, con una expresión de menosprecio en su rostro. Le mira y acto seguido le suelta un escupitajo en plena cara. El hace un ademán para limpiarse, pero ella se lo prohíbe.

- ¡Abre la boca!, le ordena ella.

El obedece y entonces, ella le escupe dentro de la boca.

- ¡Trágatelo!. Saborea el agua de la vida que te regala tu ama, le dice ella con una sonrisa irónica.

- Voy a convertirte en mi mascota. Te pondré un collar y te pasearé así por la calle para que todo el mundo, especialmente tus amigos y amigas, sepan que eres mi perrito faldero.

El hombre está completamente humillado y vencido, listo para entregarse a sus caprichos. Se da perfectamente cuenta de que a partir de este momento se convertirá en el juguete de su Diosa, que hará con él todo cuanto le venga en gusto. Levanta su cabeza y la mira. Recibe una nueva bofetada.

- ¿No sabes que a un esclavo no le esté permitido mirarle a su ama a la cara?, le espeta.

- Para compensar tu falta, deberás adorar mis pies. Ponte a cuatro patas delante de mí y lámeme los zapatos.

El hombre se arrodilla frente a ella y empieza a lamer sus zapatos. Primero uno y después el otro. Los repasa con su lengua, de la punta hasta el talón. Más tarde, le ordena que meta el tacón en su boca y lo chupe. El esclavo cumple sus órdenes a rajatabla.

- Quítame los zapatos con delicadeza y acaricia y lámeme los pies, le ordena.

El hombre le quita los zapatos y le acaricia ambos pies.

- Lámelos perrito y chúpame los dedos, le ordena ella.

El hombre toma de sus pies en su mano, lo masajea con delicadeza y empieza a lamer la planta, el empeine, pasa su lengua entre sus dedos. De repente, ella mete el pie entero en la boca de su esclavo, que empieza a chupar cado uno de sus deditos.

- Con un poco más de entrenamiento, vas a ser un buen perrito, le dice con algo de ironía en su voz.

- Ahora muestra tu alegría al ver a tu ama y muévete el culito para saludarme, del mismo modo que hacen los perritos.

- Al hombre se le suben los colores a la cara por la vergüenza que está pasando, pero no quiere disgustar a su ama y empieza a menear el culo.

- Ja ja ja, así me gusta. Realmente vas a ser un buen perro, se ríe su ama mirándole.

Le ordena que se levante. Le ata las manos por encima de la cabeza y empieza a colocarle pinzas en los pezones. El hombre siente dolor pero al propio tiempo placer y su polla reacciona, poniéndose dura, lo que provoca la ira de su ama.

- ¡No te he dado permiso para excitarte!, le grita enfadada. Tendré que castigarte y azotarte el culo, para que se te baje esa excitación.

Le hace dar la vuelta y empieza a pegarle en el culo con su mano. Para poder golpearle con más fuerza, coge una pala de ping-pong.

- Te voy a azotar el culo con esta pala, le dice. Y quiero que con cada azote que te doy, me des las gracias por ser tan buena contigo y por esforzarme a educarte. ¿Lo has entendido?

- Si, contesta en voz baja.

- ¿Cómo que sí?.

- Si mi ama, rectifica rápidamente.

Empieza a pegarle en el culo con la pala y con cada azote que recibe, él dice:

- Muchas gracias ama por ser tan buena conmigo y por intentar educar a este perro inútil.

Se detiene después de 25 azotes. El esclavo tiene el culo dolorido y rojo. Observa con satisfacción su obra. De nuevo, le manda darse la vuelta. Empieza a colocarle pinzas en sus huevos. Coge con su mano su polla flácida colocando también pinzas en ella. El hombre no puede remediar excitarse de nuevo y cuántas más pinzas coloca en su polla, más dura se le pone. Ya lleva 8 pinzas en su piel y prepucio, pero a pesar de o quizás gracias a ello, su miembro le apunta con vehemencia.

- Pero ¿qué te has creído guarro? ¿Te estás poniendo cachondo a costa de mí? Pues de eso nada, monada.

Ella estira de manera brutal las pinzas para quitárselas, lo que le provoca un dolor terrible y la pérdida inmediata de la erección. A continuación le ata la polla con una cuerda de tal manera que imposibilita una nueva erección. Ella toma la pala en la mano y comienza a golpear con ella su polla y sus testículos. El hombre nota como un fuerte dolor se apodera de su cuerpo. Justo en el momento que cree que va a desmayarse, ella decide tomarse un pequeño descanso.

- Ven aquí esclavo. Voy a fumarme un cigarrillo y tú vas a ser mi mueble.

Le hace ponerse a cuatro patas, colocando un cenicero encima de su espalda. A continuación ella se pone cómoda en el sillón haciendo reposar también sus piernas en su espalda. Pero en vez de tirar la ceniza en el cenicero, la hace caer sobre la piel del hombre, causándole dolor y pequeñas quemaduras.

- El la mira de reojo y ve su coño húmedo de la excitación que está experimentando.

- Te gusta mi coño ¿verdad? Te gustaría follarme, ¿eh?. Pues nunca me vas a tener. Mi coño no es para perros como tú. Lo podrás mirar, oler y lamer como perrito que eres, pero nunca follarme. Es más. Soy yo quién voy a follarte ahora.

Ella se pone de pie y se atas un arnés con un consolador enorme.

- Ven aquí cerdo y chúpame el consolador, así estará un poco lubricado y entrará mejor en tu culo. Ya ves como tu ama se preocupa por tu bienestar, le espeta burlona.

El hombre chupa el consolador de su Diosa. Al cabo de unos minutos se lo quita de la boca.

- Anda maricón, pídeme que te folle, le susurra.

- ¿Me follas mi ama?, pregunta en voz baja.

- Así no, ¡inútil!. Dímelo así: ¿Me haces el favor de follarme, mi ama? Méteme por favor la polla.

El hombre sabe que es inútil no cumplir sus órdenes, por lo que la dice en voz baja:

- Fóllame por favor, mi ama. Méteme por favor la polla en el culo.

- No he escuchado nada. Repítelo y esta vez en voz alta. Quiero que se entere todo el mundo de lo guarro y maricón que eres.

Y el repite gritando:

- Fóllame por favor mi ama. Méteme por favor la polla en el culo.

- Claro que si maricón de mierda, voy a cumplir tus deseos ahora mismo. Voy a reventarte el culo.

Ella se colocas tras el, le abre las nalgas lo máximo posible y con un fuerte golpe de sus riñones, le clava el consolador en el culo sin lubricación previa.

El hombre da un fuerte grito por el terrible dolor que siente.

- ¡Cállate gusano!, le ordena la mujer.

Ella empieza a mover sus caderas, clavando la polla artificial cada vez más dentro de sus entrañas. El culo del hombre se va abriendo poco a poco para dejar paso al consolador. Con una mano, ella agarra su polla y empieza a masturbarle. Pero le prohíbe que se corra.

De pronto deja de follarle y se sienta en el sillón.

- Túmbate en el suelo y mastúrbate para mí. Quiero ver salir la leche de tu polla. Y después con mi zapato te la pisaré, esparciendo la leche sobre tu cuerpo entero.

El hombre comienza a masturbarme y nota la mirada de ella sobre su cuerpo desnudo.

- ¡Más deprisa esclavo!, le ordena ella y el cuerpo del hombre empieza a convulsionarse, nota como el orgasmo se apodera de él. Cuando la leche empieza a brotar de la polla, ella se levanta y la pisa con fuerza sobre el vientre del hombre, haciendo que la leche corra sobre su cuerpo entero.

- Muy bien esclavo. Ya ves que tu leche me pertenece. A partir de ahora solamente puedes correrte cuando yo te lo mande. ¿Lo has entendido?.

- Si mi ama, lo he entendido, le contesta.

- Estupendo porque ahora quiero correrme yo y lo haré en tu boca asquerosa, para que te tragues todos mis flujos.

Ella ordena al hombre tumbarse en el suelo, boca arriba, y ella se coloca sobre él, con su coño exactamente sobre su boca. El nota su excitación porque tiene el coño completamente encharcado. El empieza a recorrer con su lengua el interior de su vagina.

Le encanta el sabor y parece que sus fluidos le ponen cada vez más cachondo. Sus labios buscan y encuentran su clítoris y lo chupa ávidamente.

- ¡Chúpame bien, perro!", le dice la mujer con la voz entrecortada. Mueve tu lengua.

Ella restriega el coño sobre la cara del hombre, dejándola empapada. Su polla está para reventar, pero solamente debe pensar en el placer de su ama. Sus labios la chupan con frenesí y el contacto intermitente de la lengua con su clítoris, causan una sensación de pequeñas descargas eléctricas en su vagina. Por primera vez, ella pierde un poco los papeles, empieza a gemir fuertemente y en el mismo momento que una gran convulsión recorre su cuerpo, acaba desahogándose en la boca de su esclavo. Parece una fuente que rebosa, el hombre apenas tiene suficiente capacidad para recoger y tragar todos sus flujos.

- Muy bien perrito, le dice finalmente. Te has portado muy bien y como premio te daré una copita de cava.

Ella saca del armario una copa alta y estrecha. Se coloca en cuclillas encima de ella y empieza a llenarla con su orina.

- Te beberás la copa entera, dice ella.

- Por favor mi ama, no me hagas eso. Moja el cuerpo de tu perro con tu lluvia dorada, pero no me la hagas beber, que no podré tragármela, suplica él.

- ¿Cómo te atreves a replicarme, esclavo?. ¡Cállate y bébetela!. Anoche me hiciste tragar tu lluvia y ahora te toca a ti. Y si no lo haces con alegría, tu castigo será terrible, contesta ella chasqueando al propio tiempo el látigo contra la pared.

El hombre comprende que nada la hará cambiar de opinión. Coge la copa y se la pone en los labios y empieza a beberme la meada. A medida que va vaciando la copa, nota como el líquido amarillo deja a su paso un calor intenso en el interior de su cuerpo. Y se da cuenta de que aparte de su lluvia, ella le está traspasando a su cuerpo toda la excitación y calentura que ella llevas dentro.

Toman un nuevo respiro. El la mira de reojo, ella lo nota y le sonríe. El supone que los castigos se han terminado, pero aun le aguarda una última sorpresa. Ella le hace poner a cuatro patas, le mete una mordaza en la boca y monta encima de su espalda, incitándole a caminar. Le hace dar varias vueltas por el salón y para que corra más rápidamente, le va golpeando los testículos con sus tobillos.

De pronto ella le acaricia la cara y la nuca.

- Ya hemos terminado, Carlos. Te doy mi última orden. Llévame al baño.

Cuando acabamos de ducharnos, el hombre la toma entre sus brazos:

- ¡Cuánto te quiero, mi Diosa! ¡Cuánto te deseo!"-

Se cogen de la mano, dirigiéndose a la cama. El empieza a besar el cuerpo desnudo de ella. Cuando llego a su entrepierna, se demora chupándola. Cómo ella empieza a mojarse de nuevo, le abraza pidiéndole que se la meta.

Empiezan a mover rítmicamente sus cuerpos, al principio lentamente, pero a la medida que el deseo se va extendiendo, van acelerando cada vez más. Sus lenguas se buscan y cuando se encuentran, se enlazan en un profundo beso. El hombre nota como el cuerpo de ella se agita debajo del suyo. Sus respiraciones se entrecortan cada vez más.

- Ven Carlos, ¡ahora!, ¡dame tu leche!

El no necesita más palabras. Todo el amor y deseo que tenía su cuerpo retenido explotan en aquel instante y besándose apasionadamente, se corren al mismo tiempo, terminando así el mejor polvo de sus vidas.

TodoRelatos.com © Karina(karina.love4u@hotmail.com)

viernes, 18 de enero de 2008

Esther y los ingleses

Esther salió furiosa de la casa, se subió a su coche descapotable, y a toda prisa se alejó de allí rumbo a ninguna parte. Ella había tenido otra disputa con su marido. Comenzó a dar vueltas por la ciudad sin saber que hacer. Al fin aparcó el coche y decidió ir al cine y después iría a un buen restaurante a cenar, pensó que se lo merecía y además pagaría con la tarjeta para que se lo cargaran al capullo de su esposo.

El cine estaba bastante lleno por lo que tuvo que sentarse entre dos parejas justo en medio de los hombres. Ella hubiera preferido tener a una mujer. Esther, apenas estaba por la película, pues sus pensamientos estaban dando vueltas a la última bronca marital. Una mano posada en su rodilla la volvió a la realidad. Hizo amago de llamar la atención a su vecino, pero pensó que quería saber hasta donde llegaba.

El hombre, al ver que ella no reaccionaba, comenzó a subir su mano por la pierna de ella, con disimulo, para que su pareja no le viera. Esther estaba asombrada de como un desconocido le metía mano en las narices de su pareja. Lo encontraba divertido y excitante. El tipo se hizo más osado y su mano llegó a las bragas de Esther, ella iba a protestar cuando los dedos de él comenzaron a jugar con su clítoris. Un súbito placer inunda a Esther, cerró los ojos y decidió relajarse y dejar hacer a aquel tipo con sus hábiles dedos.

Esther notó su coño húmedo, una calentura recorría su cuerpo, separó sus piernas para facilitarle la tarea a su vecino. Estaba con los ojos cerrados, disfrutando, haciendo esfuerzos por no gritar de placer cada vez que notaba un orgasmo, cuando notó otra mano. Era el otro hombre que tenía a su izquierda, él cual se percata de lo que sucedía y quiso participar también.

Ahora con dos manos, Esther estaba yendo de un orgasmo a otro, el nuevo le cogió una mano y la llevó a su polla, la cual estaba fuera del pantalón. Había colocado encima su chaqueta para evitar miradas indiscretas. Esther comenzó a pajear al individuo el cual no tardó en soltar un chorro de leche, ella toma un pañuelo de papel y se limpió. Luego hizo lo mismo con el vecino de su derecha, pero ahora fue ella la que tomó la iniciativa. Le puso la mano en su paquete y desabrochándole el pantalón le sacó la polla y lo masturbó.

Al finalizar la película ella esperó que se vaciara el cine para arreglarse el vestido, se fue al baño y se sacó las bragas y las echó a la basura, estaban tan mojadas que se sentía incómoda.
Cogió el coche, quitó la capota, y salió en dirección a un buen restaurante de la ciudad. A cada semáforo la miraban, puesto que la falda no le tapaba nada y al ir con el coche descapotado se veía todo, absolutamente todo y eso era lo que ella quería, sentirse deseada, ser el centro de las miradas, de la lujuria, de la perversión. Llega al restaurante y dejó el coche al aparcacoches, al entrar, el maitre le preguntó si iba sola, ella le dijo – sí -. La acompañó a una mesa que estaba casi en el centro del salón, a la vista de todos. Ella notó como la desnudaban con la mirada.

Cuando llega a los postres el camarero se acercó con una botella de champagne - Es invitación de aquellos caballeros – y señaló a una mesa donde había un grupo de 5 ejecutivos con aspecto de extranjeros.

Esther aceptó, se llenó la copa y mirando a su mesa hizo un brindis, ellos hicieron lo mismo. Cuando terminó el postre uno de los hombres de la mesa se acercó a Esther, se presentó, eran ingleses y estaban en una feria y se preguntaban si no querría ella compartir su mesa. Esther accedió encantada, y más ante la perspectiva de pasar la noche sola y aburrida pues no quería regresar a casa y así darle una lección al cabrón de su marido. El inglés hizo las presentaciones, ella dijo que sólo hablaba un poco su idioma (la realidad era que lo hablaba a la perfección pues para eso había ido a colegios de ‘pago’), le hicieron un sitio en la mesa y le pidieron un chupito.

Ella, sentada, enseñaba toda su pierna, y seguramente algo más pues uno de los
comensales comentó en un rápido inglés – Creo que no lleva bragas – Esther, que lo entendió todo, sonríe y se acomoda en la silla de forma que ellos pudieran ‘ver más’. Después de reír, y beber, era ya tarde y apenas quedaba gente en las mesas, los ingleses pagaron la cuenta, incluida la de Esther, y levantándose se fueron a la salida. Ellos al ver que ella iba con un auto descapotable intercambiaron miradas y comentarios. Uno de ellos comentó – a ver si esta nos va a cobrar – a lo que otro respondió – calla, que si ha de mantener ese coche será cara –

Esther, se reía en sus adentros de los comentarios de los ingleses. Uno de ellos le pregunta si quería ir a una sala de fiestas que les habían recomendado en el hotel. Ella duda, pero acabó asintiendo puesto que no había un plan mejor y lo estaba pasando bien. Llamaron un taxi y tres se subieron, y los otros dos en el auto de Esther, llegaron a la sala de fiestas situada en los bajos del hotel en que estaban hospedados. Ella entra abrazada por los dos hombres, uno a cada lado. Esther, al ver la mirada del portero, notó que la confundían con una de esas chicas que frecuentan este tipo de locales, pero le importó poco, lo único que deseaba era no encontrarse a nadie conocido.

En la sala de fiestas la mayoría eran ejecutivos, hombres solos y señoritas y alguna que otra pareja despistada. La pista de baile estaba a rebosar, uno de los ingleses que había ido con ella en el auto la sacó a bailar. Ella intenta guardar las distancias, pero el tipo la apretó hacia él, un brazo le rodeó la cintura, sus pechos estaban firmemente apretados en el pecho de él, el otro brazo se deslizó hacia su culo. Esther notó el paquete que se apretaba junto a su vientre, y la intuyó enorme. A lo largo de las horas fue bailando con todos, y todos le repasaron el culo. Serían ya cerca de las 3 de la madrugada cuando decidieron retirarse.

Uno de los ingleses invitó a Esther a su habitación a tomar algo, ella iba ya tan bebida que lo encontró normal y aceptó. Al llegar a su habitación vio que no entraba sólo su acompañante sino que entraban todos y otra chica que habían conocido en la sala de fiestas. La habitación era tipo gran suite. El alcohol comenzó a correr, la chica de la sala, a petición de los ingleses, comenzó a realizar un strip-tease. Esther miraba embobada, entre sorbo y sorbo de alcohol.

La chica se queda con el tanga, dos ingleses se acercan a ella y comienzan a besarse los tres, Esther, que sigue absorta con el espectáculo, no se percata que los otros dos ingleses le están metiendo mano en su chorreante coño, mientras el tercero sé esta masturbando sentado en una silla frente a ellos. Esther no se da cuenta de ello, pero lleva el vestido subido hasta la cintura mientras los tres ingleses le están comiendo el coño y sus tetas, mientras, la chica se ha puesto a mamar las pollas de los otros dos.

El grupo de tres ingleses se habían llevado a Esther a uno de los dos dormitorios, ella estaba a cuatro patas en la cama, una polla la follaba por detrás mientras chupaba las otras dos. Por el rabillo del ojo pudo ver a la chica montada encima de uno mientras el otro pugnaba por encularla. Esther puso su coño en la boca de uno de los ingleses que se había echado en la cama mientras con ambas manos tomó las dos pollas y siguió mamando, pasando su lengua por el glande, mordisqueando los testículos, cada vez con más intensidad al unísono de la lengua que la estaba follando.

Mientras los otros dos ingleses se corrían encima de la chica, luego se fue al baño a limpiarse. Los otros tres no perdieron el tiempo, Esther cambió la lengua en su coño por la enorme polla, el segundo le obligó a tragarse la polla hasta el fondo, y el tercero se subió en la cama y hábilmente le metió su polla por el culo. Esther nunca había estado con tres, a lo sumo con dos a la vez. Los orgasmos corrían uno detrás del otro, estaba agotada. La chica regresa justo cuando los tres habían terminado con Esther dejando sus agujeros llenos de leche. La chica echa a Esther boca arriba y la besó, fue bajando lentamente hasta introducir su lengua en su coño y lamer los jugos de ella y del inglés. Para Esther todo aquello era nuevo.

Estaba la chica jugando con el clítoris de Esther cuando se sitúo de forma que su coño quedara a la altura de la boca de Esther. Ella comenzó el mismo juego que la chica. Los ingleses, excitados por la escena de ambas chicas se acercaron a ellas y se pusieron a acariciarlas.

Uno de los ingleses penetró de golpe a la chica por el culo, la chica sintió como la polla bombeaba su culo que ella hizo lo mismo con su lengua en el coño de Esther. Otro de los ingleses no quiso ser menos e hizo lo mismo con el culo de Esther. La enculó salvajemente. Ella estaba tan fuera de sí que con los ojos cerrados por el placer buscaba afanosamente con sus manos una polla, cogió la primera que encontró y se puso a masturbarla. Los dos ingleses fueron sustituidos por los otros dos, estos pusieron ambas chicas a cuatro patas, la una enfrente de la otra, mientras ellas se besaban ellos las enculaban por detrás.

Toda la noche, ambas mujeres, fueron salvajemente enculadas por los cinco ingleses, al amanecer los ingleses pagaron a la chica y a Esther, ella era la primera vez que cobraba por algo que habría hecho gratis. Esther se ofreció a acompañar a la chica hasta su casa, cuando llegó se besaron ante las miradas atónitas de los madrugadores, se intercambiaron los números del móvil.

Al llegar a casa el marido de Esther le preguntó dónde había estado, ella, muy seca le dijo – follando – él respondió – ya quisieras tú -

Autor: Juan

Disponible en www.marqueze.net

Puta si, mojigata no

Me excito con estos relatos.Ojalá uds también.

Pues verán lo que me aconteció hace tiempo, siempre frecuentaba un grupo de amigas y amigos, con los cuales íbamos a todas partes, al cine, de vacaciones, de día de campo, etc., y casi siempre realizábamos reuniones, después de un tiempo un chico del grupo me gustó y nos hicimos novios, hacíamos regularmente el amor y la pasábamos muy bien, pero un día en una reunión jugamos a preguntas y respuestas, donde le toca al turno a él, le preguntaron que quien era la más mojigata, o sea la más apretada y espantada del grupo, y él sin dudarlo dijo que yo, me indigné pues creí que el echo de haber tenido sexo con él era suficiente, después de la reunión me fue a dejar a mi casa yo le reclamé por lo que había dicho, me dijo que había sido verdad, él trató de explicarme pero yo me baje del coche enojadísima y no le hablé por espacio de una semana.

Cuando él me habló para decirme que había una reunión con los amigos accedí a ir con él, pero no se imaginaba lo que en esa semana había estado tramando, me puse una minifalda súper ajustada y estrecha y una blusa semitransparente, al verme me miró de arriba a abajo, comiéndome con su mirada, yo solo le dije nos vamos, y así lo hicimos, cruzamos toda la ciudad hasta la casa de uno de nuestros amigos, al llegar nos dimos cuenta que no habían ido todos, y que solo éramos dos mujeres y tres hombres, pero empezamos a tomarnos unos tragos, yo a propósito dejaba que se me viera mi estrecha tanga debajo de mi minifalda, cuando hacía un movimiento entonces todos estaban súper pendientes a cualquier movimiento que hacía, y eso le molestó a mi novio.

Nos pusimos a jugar unos juegos de castigos, empezamos con babosadas de que uno cantara, que hiciera cualquier cosa, de momento me castigaron a mi y uno de los chicos pidió que bailara muy sensualmente, pusieron música y yo como una bailarina de table dance, empecé a contonearme, cada vez que me hincaba se dejaban ver mis nalgas y todos ellos con una cara de bobos que no podían, incluyendo a mi amiga. De momento me tocó castigar a mi amiga, le puse de castigo que besara en la boca a mi novio y que se vieran sus lenguas rozándose, ellos se dieron un tremendo beso, y yo sonreí, entonces seguimos jugando y un chico me castigó pidiendo que besara al otro amigo, yo enseguida dije que si, me puse junto a él y sacando mi lengua se la pasé por los labios, en respuesta me tomó de la cintura y a la vez que me besaba me juntaba con él.

Terminado el castigo volteé a ver a mi novio que con los ojos desorbitados no lo podía creer, y con la cara totalmente roja. Pero el destino estaba escrito y me tocó nuevamente castigar a mi amiga, entonces dije en voz alta que había que poner más acción al asunto por que me estaba aburriendo, entonces le dije a ella que de castigo quería que me lamiera mi clítoris, no tuve problemas ya que ella siempre se me había insinuado en que tuviéramos sexo y cada vez que estábamos solas quería tocarme y yo nunca me había dejado, sabía que era su deseo poseerme, me eché de espaldas al sofá, abrí mis piernas y ella se puso entre ellas, con su mano hizo a un lado mi tanga, con la otra separó un poco mis labios vaginales, y como toda una zorra, me puso la lengua ahí y empezó a chuparme, al hacer esto mis pezones se pusieron súper erectos, veía a todos sujetarse el bulto de su pantalón y mi novio con una cara de perplejo que no podía ni decir nada, pero terminaron los cinco minutos que era el tiempo del castigo y mi amiga al parecer no se quería despegar de mi gruta, pero terminó y dije ya me aburrí de esto, por que no hacemos otra cosa, como oír música.

Todos estaban enrojecidos, mi amiga tenía en la barbilla parte de mis líquidos vaginales, me acerqué a ella y le limpié mis propios líquidos con mi lengua culminando en un gran beso, y le dije que gracias, que lo había hecho estupendamente, entonces me senté en el sofá junto a mi novio, y como si no hubiese pasado nada lo tomé de la mano y me puse a platicar, después de estar platicando mi novio reaccionó, diciéndome que no le gustaba mi conducta y yo le contesté, ¿no te gustaban las mojigatas?, entonces le dije delante de ellos, sácate el pene te lo voy a chupar, se quedaron todos mudos y sentados sin saber que hacer, ni él sabía lo que estaba pasando, entonces le bajé la cremallera del pantalón y con cuidado le saqué su tranca que estaba súper húmeda, me incliné y me puse entre sus piernas y empecé a chupársela, de una forma salvaje, mientras que entre mamada y mamada le decía: como me ves parezco una mojigata, te gusta que te la chupe, o para que no pienses que soy mojigata quisieras verme chupando otra tranca.

Él no me respondía nada, solo cerraba los ojos cuando dejaba que se fuera su pene todo dentro de mi boca, entonces volteé y vi que uno de mis amigos se masturbaba y le dije, pobrecito necesitas ayuda, ven siéntate junto a mi novio, y lo hizo, cuando ya estaba sentado me hice a un lado y me metí su tranca en la boca, mientras no dejaba de masturbar a mi novio con mi otra mano, y de vez en cuando le decía: mira como me la como, es una tranca riquísima, ahora le voy a chupar los testículos, y me los voy a comer, y así estuve largo rato, entonces alcé mi falda, me quité la tanga y le dije a mi amigo, ponte atrás y dame tu tranca quiero sentirla, él se puso en mis espaldas y de un solo golpe me la metió, yo grite de dolor, mientras no dejaba de sujetarle la tranca a mi novio, después de un instante empecé a disfrutar le metida que me hacía mi amigo, y le dije: mira como disfruta toda mi vagina, ahora me voy abrir más de piernas para que me la metas toda hasta topar con tus testiculos, me voy a meter un dedo en el ano mientras mi amigo me penetra.

Todo lo que le iba diciendo lo hacía, entonces le dije a mi amigo quiero que me eches tu semen en la espalda y así lo hizo, como yo seguía entre las piernas de mi novio, no me limité en hacer caras de placer, la verdad lo estaba disfrutando mucho. Entonces mi amigo que se había venido en mi espalda tomó la posición de espectador, entonces le dije al otro, me falta por el culo, ¿quieres rompérmelo?, él ni lerdo ni perezoso se puso a mis espaldas entonces le dije, quiero que me la metas de un solo golpe hasta el fondo, quiero que me duela, entonces me abrí lo más que pude y de un golpe certero me clavó, yo grité como una loca, me dolía hasta la nuca, sentí que me penetraba hasta el fondo de mis intestinos, después de un breve instante mi amigo, que estaba en mi ano, se vino dentro de mi, sentí como todas mis entrañas se llenaban de semen.

Entonces le dije a mi novio, ahora te toca a ti, y empecé a mamársela de una manera fuerte, no me duró ni cinco minutos cuando me llenó la boca de semen, el cual, como una hembra totalmente hambrienta me lo comía, y lo tragaba, le dejé la tranca súper limpia. Les dije bueno falta el gran final, tomé a mi amiga de la mano y me la llevé al baño, y les dije acompáñenos, nos siguieron, puse el agua y debajo de la ducha nos metimos las dos, nos empezamos a besar, y a frotarnos los senos mutuamente, hice que se sentara en el piso, yo me bajé, tomé sus labios vaginales, los separé y empecé a chuparle todo, luego le dije que se pusiera en cuatro patas y yo desde atrás empecé a chuparla, dándole lengua en su culo.

Después fui yo la que me puse en cuatro y dejé que me hiciera todo lo que ella quería, luego entrelazamos nuestras piernas y rozándose nuestras vaginas tuvimos un orgasmos descomunal, fue sensacional. Nos despedimos de todos, y mi novio me llevó a mi casa, antes de bajarme del coche, me empezó a decir de cosas, y yo le contesté, ¿no era que querías una buena puta en vez de una mojigata?, la verdad yo no comprendo a los hombres, pero hasta ahí llegamos.

Terminamos y hasta la fecha no se de él, pero lo que si se es que he disfrutado cada momento después de que me quité lo mojigata.

Espero que le haya gustado.

Les mando un beso.

Autor: Mary Carmen

Disponible en www.marqueze.net

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